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Canciones

jueves, 19 de noviembre de 2015

María



Ella que escribe en la madrugada
mientras la fina sabana,
la acaricia bien sedada.

Despierta de su dulce sueño,
mira por la ventana
su amor sin dueño,
ya no canta ninguna nana.

Observa el paisaje 
suspirando el aire
que le sobra,
por su amor que le falta.

Ella empapa vaho de raíz,
relata en pluma de cristal
que llueve sobre tapiz 
su sabor a sal.

Se reluce con sus perlas,
se acaricia de carmín
pensado lujurioso festín,
Abriendo sus alas.

Ella que relata sus virtudes
con un montón de multitudes.
Sacude sus emociones
y vacía sus intenciones.

Ella comenta mis comentarios
alagando mis poemas,
que nadie vea fantasmas
ni celos varios.

Ella que se desnuda
en dulces versos,
en prosa bien realizada.
Con sus lienzos eróticos
ilustra su mente privilegiada.

Ella pasea por las estaciones
cantando sus pasiones.

El otoño
Se pone mala
El invierno
La cala
La primavera 
Sacude su ala
El verano
Flor apuñala.
Saciando su sed,
Absorbiendo el néctar de la cereza
que está a su merced.

Ella, cuyo nombre es María

Majestuosa
Artísticamente,
Rosa
Incandescente.
Amada.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Entrada 99

Bueno, después de un largo tiempo, me planteo muy seriamente
dejar de escribir en mi blog.

El motivo es que no tengo fuerzas, ni ganas, ni estoy por la labor.

Un día vi un árbol el cual me gustaba, y cada día arrancaba un fruto del él, pero poco a poco iba arrancando un fruto del hermoso árbol.

Los días iban pasando y me pregunté,
 "¿si cada día arranco un fruto del árbol, al final me quedaré sin fruto?", y pensé que ya no me gustaría.

Así que tenía que cuidar del árbol, regarlo, podarlo, acariciarlo, hablar con él.... Me puse manos a la obra, y cada día estaba más lindo, más hermoso y con más brillo. Porqué lo sentía y lo amaba.

El árbol tenía más frutos y me daba sombra y aire fresco.
Pero el verano se acercó, y las tempestades sucedían.
En cada tempestad estaba allí, para decirle que todo pasará y después del verano vendrá el otoño, donde tu beldad de hojas anaranjadas resplandecerán otro vez, y el águila imperial, volverá a abanicar tus ramas.

Pero a la segunda tempestad el árbol fue derribado, y sus raíces quedaron al descubierto a merced del aire. El jardinero no podía ya hacer nada, sólo el árbol podía renacer de sus raíces y su savia le daría vida.
Así que, el jardinero se fue con la cabeza triste y el corazón destrozado. El águila alzó su vuelo y lloró su pérdida. Le había dado sombra, refugio y también las hojas le habían acariciado su plumaje. Su fruto le había alimentado, y sus flores eran polarizadas con el vaivén de sus plumas timoneras.

La águila y jardinero se fueron juntos hacía el horizonte perdido. 

Caminan y caminan, sin destino y tristes.

El jardinero se va alejando porque sabe que las raíces se secarán. El águila vuela junto a él. Alguna vez vuela hacía el árbol para saber si la savia está seca o no. Pero cada vez que se acerca algo se lo impide.

Los truenos no suenan,
los rayos ya no iluminan,
el viento se calma
ante un silencio sin alma.
El sol sale cada mañana
pero sin ese mar salado,
llora tu ausencia.
La luna sale cada noche
pero sin ese tapiz azulado,
sollozo sin tu presencia.

En algún lugar encontrará otro árbol, pero está cansado.

Aquí está mi entrada 99 de mi pequeño blog.
Posiblemente la última.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Nostalgia

Aunque se sequen todos los mares en un instante,
 aunque la selva se convierta
en desierto.
Aunque esperes con tu pitusa 
mirando al horizonte,
 aunque los perfumes te
recuerden el aire fresco,
 aunque tú crees que no te ve;
a sabiendas que te observa eternamente,
 aunque no haya paz en
tu mundo.

 Aunque sople viento de levante
para frenar el poniente.
Aunque pienses que no hay amor. 
 Aunque no quieres ver la luna
que órbita lentamente.

Aunque tu corazón esté eclipsado
por la estrella poseída por un crespón.
Aunque me ignores profundamente.
 Aunque te auto marchites,
 siempre estarás en mi corazón

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